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Clases, Daniel Link
Perfil, 11 de septiembre de 2005

Reflexiones para una civilización sin tiempo

En palabras de Roland Barthes, los profesores investigan y hablan, es decir, sueñan "en voz alta su investigación". Quienes hacen eso corren el riesgo de realizar sus sueños. En el caso de un investigador que se precie de tal esa realidad y ese sueño consistirían en lograr ver (y hacer ver) que sus tesis funcionan, que se mueven con aceitada agilidad en entre la maraña de palabras y textos y objeciones y refutaciones a las que se ve expuesto. En ese sentido Literatura y disidencia, el subtítulo de este libro (Hegel decía que los subtítulos son los verdaderos títulos de las libros) tranquilamente podría ser remplazado por este otro: Un triunfo.

Clases consiste en la reunión de una serie de lecciones de Literatura del Siglo XX que Daniel Link dictó en la cátedra que tiene a su cargo en la UBA. Pero no es sólo eso. Mejor dicho: si fuera sólo eso nos encontraríamos con un trabajo de arqueología que de ningún modo estaría condenado a ser pasado por alto. El profesor que sueña su investigación en voz alta suele tomar cierta distancia higiénica y terapéutica con aquello que investiga y con aquello de lo que habla. Link no. Si apela a la primera persona es porque en definitiva el que habla es él, porque detesta el nos falsamente impersonal y modesto y porque a diferencia de lo que ocurre con tanta frecuencia tiene algo que decir.

La hipótesis historiográfica sobre la que se asienta el devenir y la recurrencia a ideas y escritos ajenos y propios tiene cierta reminiscencia con Evariste Gailois, el joven matemático que poco antes de morir en un duelo pasó la noche anterior al encuentro fatal revelando por escrito, para la posteridad, su "teoría de los grupos", mechando los razonamientos con infalibles y certeros: "No tengo tiempo". Según Link ésa es la hipótesis: "no tenemos tiempo". Y en cualquier caso lo que importa verificar es la civilización está haciendo agua por todas partes. A diferencia de lo que ocurre con la bibliografía filosófica, literaria, histórica o sociológica, en este libro no aparecen ni una vez las palabras "posmodernidad" o "posmodernismo". ¿Por qué? Justamente porque Clases parece haber nacido de la repugnancia a manejar esas categorías. ¿Un libro de historia, entonces? No, pero eso no deja que el libro no deje registro de una hipótesis historiográfica. ¿Una teoría literaria sistemática y coherente? Tampoco, pero a pesar de eso (o mejor dicho: justamente por eso), Link explica cuáles son las hipótesis estéticas que orientaron sus lecturas. ¿Y cuáles son sus lecturas? Infalibles y certeras, van de Barthes a Aira, de Thomas Mann a Kafka, pasando por Foucault, Pasolini, Copi y Rodolfo Walsh.

Daniel Link entiende sus Clases como "dispositivos de captura y disciplinamiento", como "ficciones normalizadoras", como "fantasías de exterminio". Si miramos el cielo es porque no tenemos tiempo. De lo que se trata, dice Link, es de "leer en ciertos textos más o menos emblemáticos de la literatura del siglo pasado todo lo que en ella hay de resistencia a la captura, al disciplinamiento, a la normalización y al exterminio". Una literatura que nos interpela porque sostiene el mismo sueño del profesor Link: mirar el cielo, aunque él sea un habitante del infierno.